Monday Rant: del pago al contado y otras leyendas urbanas

Todo el mundo conoce el ¿chiste? del congreso internacional de contables donde el representante español alardea de la gran cantidad de formas de pago que conoce hasta que otro delegado le descubre una nueva: pago al contado. Esa leyenda urbana. Un sistema de pago desconocido en un país donde los primeros en estafar a los proveedores son los organismos oficiales, generando impagos porque ellos lo valen.

En la última NSSpain un ya-no-tan-joven emprendedor se quejaba del problema de tener que perseguir a sus clientes una vez pasada la fecha de pago de las facturas. Al tiempo que repetía la falacia, imagino que para convencerse a sí mismo, de que no da imagen de empresa el exigir unos plazos de pago, y mucho menos un pago up front. Algo que, si se redacta un contrato bien asesorado, suele ser aceptado por muchos clientes, independientemente de que el proveedor sea autónomo, ese ele o mediopensionista.

Vivimos inmersos hasta más arriba del cuello en la gran mentira nacional. Es más simple rendirse al ej que así funciona todo y aceptar que nos mientan. Ese así funciona todo que suele empezar por una de las dos grandes mentiras de inicio de proyecto: “tengo aquí un presupuesto por la mitad pero preferiríamos hacerlo contigo [si ignoras tus costes, márgenes, etc. y estás dispuesto a regalar tu trabajo]” que siempre ablanda el corazón del proveedor, emocionado por tanto amor procedente de un completo desconocido.

La otra mentira, para los novatos, es “para este trabajo tengo un presupuesto muy ajustado, pero en los próximos lo compensamos”, blandiendo un capote como una catedral, a ver si cuela. Y cuela, porque ej que así funciona todo y se asume que no queda otra que aceptar las mentiras.

Como se aceptan, sin rechistar, los famosos pagos atrasados. Un poco de matemáticas: pagar a noventa días no quiere decir que se pague a los tres meses. Significa que, en primer lugar, el cliente está cometiendo una ilegalidad. En segundo, que es a partir de esa fecha cuando se puede empezar a llamar a ver si hay suerte. Si no ha decidido cerrar y/o cambiar de nombre entre medias, todo un clásico del empresariado patrio. O si no decide usar el también clásico “lo siento macho, pero este mes vamos fatal [que me tengo que llevar a la secretaria a un spa]”. O cualquiera de las miles de excusas que se usan.

Mientras se perpetúa este baile de llamadas el proveedor básicamente le ha regalado los intereses que genera ese dinero durante el plazo que sea al cliente. Y, además, ha adelantado dinero. Porque, entre que se cobra o no, toca pagar el IVA. Que ese sí es cada tres meses. De los de verdad. Se haya cobrado la factura o no; incidentalmente, mientras tanto, el cliente puede desgravarse ese IVA que no ha pagado y que tal vez nunca llegue a pagar.

Antes de que alguien haga el amago de recordar que el ministro del ramo se sacó de la manga una ley llamada del Emprendedor que, entre otras cosas, permite atrasar el pago del IVA hasta que se haya cobrado la factura hay que recordar la realidad: sólo los que han leído la famosa ley no se sorprenden de que prácticamente nadie (menos del 1%) haya hecho todo el papeleo y las modificaciones en su contabilidad necesarias para acogerse a este útil régimen de IVA de caja.

La mentira nacional llega hasta el extremo de que los empresarios, ese sostén de la sociedad, deciden saltarse la Ley 15/2010, que dice literalmente: “se establece un plazo máximo de pago de 60 días por parte de empresas para los pagos a proveedores. Este plazo de pago no podrá ser ampliado por acuerdo entre las partes, con el fin de evitar posibles prácticas abusivas de grandes empresas sobre pequeños proveedores, que den lugar a aumentos injustificados del plazo de pago”. Aún hoy, casi dos años después de la entrada en vigor de la normativa, hay quien pretende pagar a noventa días y más.

¿Realmente vale la pena tirar tiempo (persiguiendo para que paguen) y dinero (aceptando sus condiciones ilegales) con ese tipo de clientes que empiezan mintiendo y acaban mintiendo? La respuesta más habitual en este país es que sí. Porque ej que así funciona todo.